miércoles, 19 de mayo de 2010

EL QUE ESTE LIBRE DE ILEGALIDAD QUE TIRE LA PRIMERA PIEDRA

Aquel que esté libre de haber dado alguna vez una mordida, o de haber usado sus influencias, o haberse pasado un alto, o haber evadido impuestos, o pagado para agilizar un trámite, o pedido una comisión, o violado una ley seca, o manejado borracho, o copiado en un examen, o tenido un amorío escondido, o haberse metido una raya de coca, o una tacha, o fumado un porro, o simplemente el haberse mentido a sí mismo; aquellos mexicanos que estén libres de la ilegalidad que tiren la primera piedra.

La realidad es un espejo de nosotros mismos. En México la ilegalidad es el reflejo del sistema de la impunidad.

Estamos en el salón de los espejos que hablan los Mayas.

Hoy, el sistema de la impunidad está en guerra contra la ilegalidad del crimen, siendo que son reflejos de sí mismos. Es la serpiente mordiéndose su propia cola. Señal milenaria que anuncia la caída de un paradigma y el nacimiento de uno nuevo.

El viejo paradigma basaba su poder e influencia en el miedo y la doble moral. Su fuerza era la desunión de los unos con los otros. Juzga a tu prójimo como a ti mismo, era su único mandamiento. Era el mundo de las apariencias y el qué dirán, donde las máscaras eran nuestra mejor cara.

La impunidad es la madre de la ilegalidad. La mentira oficial es el andamiaje de la corrupción. La doble moral es la sotana que oculta todo tipo de perversiones.

Es el sistema donde todo se maneja en lo oscurito.

En México se está cayendo el viejo, milenario, sistema de creencias de la razón de los buenos contra los malos, y se está restaurando el reino del amor.

Cuando todos somos culpables, según el viejo juicio, entonces nadie lo es. En ese momento, es cuando tomamos conciencia de que el juego es al revés: en realidad somos los responsables. Entonces, nuestra nueva conciencia inicia la transformación de la realidad. Y la oruga se convierte en mariposa, y la serpiente en águila.

La dramática batalla de los siglos y siglos, de nosotros contra nosotros mismos, finaliza cuando tomamos conciencia de que todos somos uno. El amor es el paso siguiente de la evolución humana. Y amar es todo lo contrario a juzgar al prójimo.

El sistema de la impunidad se basa en la moral que juzga y divide a la gente bien, bonita, de la pobre gente, fea.

De hecho, para el sistema de la impunidad, el amor puro es ilegal, porque es libre. Y no obedece a los dictados de la razón imperante. Ni tiene culpas, ni arrepentimientos. Ni profesa la religión de la doble moral. Ni segrega, ni margina, ni chantajea.

El amor es lo opuesto a la moral: no juzga, es incondicional.

Santiago Pando

www.creerescrear.com

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